Tengo dolores de espalda. Ya ves. He perdido gran parte de mi masa muscular, después de las infinitas horas de reposo durante mi 2º embarazo y la inactividad forzada por una depresión hace unos años. Me está costando mucho recuperarme. Y me pasa factura. Vaya si me la pasa: musculatura abdominal no responsiva, suelo pélvico débil, y dolores articulares por no tener una estructura muscular lo suficientemente fuerte para sostener la ósea.

Siendo profesora de yoga y movimiento como soy, en general la gente asume que practico a muerte, que como soy mamá me gusta enseñar/practicar yoga para embarazadas y un sinfin de cosas más. Enfin.

Pues no.

No estoy practicando todo lo que me gustaría. Me faltan horas! y además habitualmente lo que más me apetece es una práctica suave, porque ¡oiga! estoy cansada.
No me gusta enseñar yoga prenatal, ¿qué puedo decir?
No soy de seguir «gurús», ni técnicas, ni tendencias.
No soy nada ortodoxa en mis influencias, ni en mi enseñanza, ni en mis aprendizajes.
Soy principalmente autodidacta. (Tengo 400h+ de formación, pero nunca nadie me ha preguntado por ellas, la verdad)
He practicado según mi momento vital: ashtanga, vinyasa, yin, yoga reconstituyente, nidra, meditación (lo único más o menos fijo), ejercicios de movilidad, yoga nidra…
Tampoco he sido nunca adicta a (casi) nada: ni drogas, ni tabaco, ni alcohol. Aunque probar, he probado. Eso sí.

A lo único que he sido (¿soy?) adicta es a la comida y a las relaciones (esto es como para los alcohólicos, ¿no?, es para siempre). Cuando adolescente, digamos que durante casi una década, sufrí de desórdenes alimentarios. Y durante toda mi vida he tenido la desastrosa tendencia a aferrarme a relaciones tóxicas. ¿Soltar? ¿Eso qué es y cómo se hace?.

«El yoga ha salvado mi vida»
Es una frase ridícula, ya sé, pero a muchos nos ha pasado. Doy fe. Y no es una exageración.
Claro, no parece que tenga mucho que ver hacer unos pocos estiramientos con salir de ciertos bucles vitales. Igual es más fácil si alguien te explica que empezando por esos estiramientos se puede llegar a bajar el volumen del ruido mental constante que (al menos en mi cabeza) ahoga todo lo demás.
Hace unos 15 años que practico yoga y, ¿casualmente?, hace más o menos ese tiempo que vengo trabajando en la locura interior que me tenía más perdida que pollo sin cabeza.

Para mi, la enseñanza más valiosa del yoga es la escucha. A uno mismo primero: de lo puramente físico (sensaciones corporales, sonido de la respiración) a lo más sutil (niveles de energía, emociones, apetitos). Y la escucha a los demás. ¡Y sin juzgar! Que es muy fácil decirlo, pero hacerlo tiene telita.

También he aprendido a ser flexible, en sentido literal y figurado. Yo pensaba que era flexible porque era muy cambiante, no tenía miedo del cambio. Más bien, como me dijo una buena amiga, no sabía vivir sin él. Iba de aquí para allá como loca sin darme cuenta de que siempre estaba huyendo hacia adelante.
Por arte y gracia de la práctica, no sé de cuál de todas exactamente, ¿o de todas ellas juntas?, parece que el ir dando palos de ciego se ha ido transformando en tomar un rumbo general aceptando la fluidez (o no) del camino. He aprendido la aceptación y el contento (Santosha), y a tomar las riendas. Son poderes mágicos!

Y ya se sabe, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Mi responsabilidad, ahora, es comunicar lo que he aprendido y sigo aprendiendo. Es mi granito de arena, lo que yo puedo aportar para crear un mundo mejor.

Pat Obach malasana